El papel del yodo en el organismo
El yodo es un oligoelemento esencial que el organismo no puede producir por sí mismo. Debe obtenerse a través de la alimentación. La glándula tiroides necesita yodo para producir las hormonas tiroxina (T4) y triyodotironina (T3), que influyen en casi todas las células del organismo. Estas hormonas regulan el metabolismo, la temperatura corporal, el sistema cardiovascular y el sistema nervioso, y son especialmente importantes para el desarrollo cerebral de los niños.
Según la Sociedad Alemana de Nutrición, un adulto sano necesita aproximadamente 200 microgramos de yodo al día. Las mujeres embarazadas y en periodo de lactancia tienen una necesidad mayor, de entre 230 y 260 microgramos. Alemania se considera una zona con deficiencia de yodo, por lo que desde hace décadas se recomienda el uso de sal yodada.
La deficiencia de yodo y sus consecuencias
Una deficiencia crónica de yodo provoca que la glándula tiroides no pueda producir suficientes hormonas. Como mecanismo de compensación, la glándula tiroides aumenta de tamaño y se forma un bocio (struma). Otras consecuencias pueden ser hipotiroidismo, fatiga, aumento de peso, problemas de concentración y, en el caso de las mujeres embarazadas, graves trastornos del desarrollo del feto.
Tiroiditis de Hashimoto: cuando el sistema inmunitario ataca la glándula tiroides
La tiroiditis de Hashimoto es la causa más frecuente de hipotiroidismo en los países industrializados. En esta enfermedad autoinmune, el sistema inmunitario ataca por error al propio tejido tiroideo. Los anticuerpos, en particular los anticuerpos TPO (contra la peroxidasa tiroidea) y los anticuerpos Tg (contra la tiroglobulina), destruyen gradualmente las células tiroideas.
A medida que avanza la enfermedad, la capacidad de la glándula tiroides para producir hormonas disminuye, lo que conduce a un hipotiroidismo. Los síntomas típicos son fatiga, aumento de peso, sensibilidad al frío, piel seca, caída del cabello, estreñimiento y estados depresivos. La enfermedad suele presentarse en brotes y puede afectar considerablemente a la calidad de vida durante años.
La controversia sobre el yodo en el Hashimoto
Aquí comienza la controversia: aunque el yodo es esencial para el buen funcionamiento de la tiroides, hay indicios de que un consumo excesivo de yodo en personas con tiroiditis de Hashimoto puede intensificar la reacción autoinmune. Los estudios demuestran que en los países con un alto consumo de yodo, la prevalencia de enfermedades autoinmunes de la tiroides es mayor que en las zonas con deficiencia de yodo.
El mecanismo detrás de esto es que el yodo aumenta la inmunogenicidad de la tiroglobulina, una proteína de la glándula tiroides. En personas con predisposición genética a las enfermedades autoinmunes, esto puede activar el sistema inmunológico y provocar la formación de anticuerpos. Además, el exceso de yodo puede causar estrés oxidativo en la glándula tiroides, lo que agrava aún más la reacción inflamatoria.
La evidencia científica: ¿qué dicen los estudios?
Las investigaciones sobre el yodo y la enfermedad de Hashimoto son contradictorias. Varios estudios realizados en Asia, donde el consumo de yodo es tradicionalmente más elevado, muestran una relación entre una ingesta elevada de yodo y un aumento de los anticuerpos tiroideos. Un estudio chino descubrió que las personas con una ingesta diaria de yodo superior a 800 microgramos tenían un riesgo significativamente mayor de padecer la enfermedad de Hashimoto.
Por otro lado, las investigaciones también muestran que la deficiencia de yodo es problemática. Un estudio italiano descubrió que los pacientes con Hashimoto con deficiencia de yodo presentaban síntomas más graves y niveles más altos de anticuerpos que aquellos con un aporte suficiente de yodo. Por lo tanto, el problema no radica en el yodo en sí, sino en la dosis.
El principio de Ricitos de Oro: ni demasiado, ni demasiado poco
Los conocimientos científicos actuales apuntan a una curva en forma de U: tanto un déficit como un exceso de yodo pueden ser problemáticos en el caso de Hashimoto. El rango óptimo se sitúa entre 150 y 300 microgramos diarios, suficiente para apoyar la función tiroidea, pero no tanto como para provocar una reacción autoinmune.
Recomendaciones prácticas para pacientes con Hashimoto
Para las personas con tiroiditis de Hashimoto es importante llevar un consumo consciente de yodo. A continuación se ofrecen algunas recomendaciones basadas en la evidencia:
Hágase determinar su nivel de yodo
Antes de modificar su ingesta de yodo, debe hacerse determinar su nivel actual de yodo. La forma más fiable de hacerlo es mediante una recogida de orina de 24 horas, que mide la excreción de yodo. Alternativamente, una prueba de orina matutina puede dar indicaciones, pero es menos precisa. También es útil determinar el selenio en la sangre, ya que el selenio es importante para el metabolismo del yodo.
Ingesta moderada de yodo a través de fuentes naturales
En lugar de tomar suplementos de yodo en dosis elevadas, los pacientes con Hashimoto deben optar por una ingesta moderada a través de alimentos naturales. Buenas fuentes de yodo son el pescado de mar (2-3 veces por semana), los productos lácteos con moderación, los huevos y la sal yodada en cantidades normales. Se debe tener precaución con las algas y las algas marinas, que pueden contener cantidades extremadamente altas de yodo, en algunos casos varios miles de microgramos por ración.
Evitar los preparados con altas dosis de yodo
En caso de padecer Hashimoto, se deben evitar los complementos alimenticios con más de 500 microgramos de yodo por dosis diaria. Incluso los productos supuestamente naturales, como las cápsulas de algas marinas o la espirulina, pueden contener cantidades problemáticas de yodo. Si es necesario tomar suplementos, solo debe hacerse bajo supervisión médica y con controles periódicos de los valores tiroideos y los anticuerpos.
El selenio como cofactor importante
El selenio desempeña un papel fundamental en el metabolismo tiroideo. Es un componente de las enzimas que activan las hormonas tiroideas y protegen la glándula tiroides del estrés oxidativo. Los estudios demuestran que la suplementación con selenio (200 microgramos al día) puede reducir los niveles de anticuerpos y mejorar la función tiroidea en pacientes con Hashimoto. El selenio también parece mitigar los efectos negativos del exceso de yodo.
Situaciones especiales: embarazo y lactancia
Durante el embarazo y la lactancia, es especialmente importante un aporte suficiente de yodo, ya que su deficiencia puede provocar graves trastornos del desarrollo en el niño. Las mujeres con Hashimoto tampoco deben prescindir del yodo durante este periodo. La ingesta recomendada es de 230 microgramos durante el embarazo y 260 microgramos durante la lactancia.
Sin embargo, es importante controlar de cerca los valores tiroideos, ya que las necesidades hormonales cambian durante el embarazo. A menudo es necesario ajustar la dosis de levotiroxina. Las sociedades médicas recomiendan tomar un comprimido de yodo de 100 a 150 microgramos además de la dieta normal, pero esto debe consultarse con el médico responsable del tratamiento.
Otras enfermedades tiroideas y el yodo
Enfermedad de Graves
En el caso de la enfermedad de Graves, otra enfermedad autoinmune de la tiroides que provoca hipertiroidismo, la situación es diferente. En este caso, se debe evitar el yodo en la fase aguda, ya que puede estimular aún más la producción de hormonas. Tras el tratamiento satisfactorio del hipertiroidismo, se aplican recomendaciones similares a las de la enfermedad de Hashimoto.
Nódulos tiroideos y adenomas autónomos
En el caso de los nódulos calientes (adenomas autónomos), que producen hormonas de forma descontrolada, un aporte elevado repentino de yodo puede desencadenar una crisis tirotóxica. Las personas con nódulos tiroideos conocidos deben someterse a una revisión de la función tiroidea antes de tomar medicamentos que contengan yodo o medios de contraste.
Medicamentos y medios de contraste que contienen yodo
Se debe tener especial precaución con los medicamentos que contienen yodo, como la amiodarona (un medicamento para el corazón) o los medios de contraste radiológicos que contienen yodo. Estos pueden contener cantidades extremadamente altas de yodo: una tomografía computarizada con medio de contraste puede aportar hasta 15 000 microgramos de yodo. En pacientes con Hashimoto, esto puede provocar un empeoramiento de la reacción autoinmune o disfunciones.
Si es necesario realizar una exploración con medio de contraste, se deben controlar los valores tiroideos antes y después. En algunos casos, puede ser necesario ajustar temporalmente la medicación tiroidea.
Estrategias nutricionales: encontrar el equilibrio adecuado
Una alimentación equilibrada puede ayudar a mantener el aporte de yodo en niveles óptimos. A continuación, le ofrecemos algunos consejos prácticos:
Utilice sal yodada en cantidades normales (unos 5 gramos al día equivalen a 100 microgramos de yodo). Coma pescado de mar, como bacalao, carbonero o platija, 2-3 veces por semana. Una ración aporta entre 100 y 200 microgramos de yodo. Los productos lácteos también contienen yodo, pero en cantidades variables: un vaso de leche aporta entre 40 y 80 microgramos.
Evite los productos de algas como el nori, el wakame o el kombu, a menos que el contenido de yodo esté claramente indicado y sea bajo. Muchas algas contienen varios miles de microgramos de yodo por ración. También debe prestar atención a la lista de ingredientes de los alimentos procesados, ya que algunos contienen aditivos de algas o carragenina.
Seguimiento y supervisión médica
Las personas con Hashimoto deben controlar regularmente sus valores tiroideos. Entre ellos se incluyen la TSH, la fT3, la fT4 y los anticuerpos (TPO-AK y Tg-AK). Si se producen cambios en la ingesta de yodo o en la alimentación, los valores deben revisarse al cabo de 6-8 semanas, ya que los cambios suelen tardar en manifestarse.
Los síntomas también son importantes: el empeoramiento del cansancio, el aumento de peso, la caída del cabello o los cambios de humor pueden indicar un hipotiroidismo. El nerviosismo, las palpitaciones, la pérdida de peso o el aumento de la sudoración pueden ser signos de hipertiroidismo y deben ser evaluados por un médico.
Conclusión: el yodo en la enfermedad de Hashimoto, una decisión individual
No es posible responder de forma generalizada a la pregunta de si el yodo es amigo o enemigo en la enfermedad de Hashimoto. Las pruebas científicas demuestran que tanto la deficiencia como el exceso de yodo pueden ser problemáticos. La clave está en la dosis adecuada, en el rango óptimo de entre 150 y 300 microgramos al día.
Los pacientes con Hashimoto no deben evitar por completo el yodo ni tomar preparados con dosis elevadas. Lo más sensato es un aporte moderado a través de alimentos naturales, combinado con un suministro suficiente de selenio. Es especialmente importante la adaptación individual: lo que es óptimo para un paciente puede ser demasiado o demasiado poco para otro.
Hágase determinar su nivel de yodo, colabore estrechamente con su médico y preste atención a las señales de su cuerpo. Con la cantidad adecuada de yodo, se puede apoyar de forma óptima a la glándula tiroides sin provocar una reacción autoinmune. El yodo no es ni amigo ni enemigo por principio, sino que depende de la dosis y de la situación individual.
Dieser Ratgeber dient ausschließlich zu Informationszwecken und ersetzt keine medizinische Beratung oder Diagnose. Bei anhaltenden Beschwerden konsultieren Sie bitte einen Arzt. Nahrungsergänzungsmittel und Heilpflanzen sollten nicht ohne Rücksprache mit einem Therapeuten eingenommen werden.
